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Tapa del libro El tesoro bíblico

Por Guillermo McGrath ©1985

Introducción Capítulo 1 Capítulo 2 Capítulo 3 Capítulo 4 Capítulo 5 Capítulo 6 Capítulo 7 Capítulo 8 Capítulo 9 Capítulo 10 Capítulo 11 Capítulo 12 Capítulo 13 Capítulo 14 Capítulo 15

Capítulo 1 - La santa Biblia

Por qué es santa e inspirada por Dios, y cómo la obtuvimos.

La palabra biblia significa “libro “ o “colección de libros”. Todos sabemos que hay millones de libros en el mundo. Sin embargo, hay un libro que es sin igual, diferente de todos los demás y superior a ellos. En su lecho de muerte el Sir Walter Scott rogó:

—¡Tráeme el libro!

Lockhart, su yerno, le preguntó:

—¿Cuál libro?

Entonces el escritor famoso se volvió y contestó suavemente:

—Hay sólo un libro. ¡Tráeme ése! —Lockhart entendió y le dio la Biblia.

Lo que le hace a este libro diferente y superior a todos los otros libros es que es la palabra de Dios. Por eso, con razón lo llamamos la Santa Biblia.

Antes de que creamos cualquier otra cosa acerca de Dios, tenemos que creer primeramente que él existe y que recompensa a los que procuran hacer su voluntad. Pero, ¿cómo podemos descubrir algo de Dios? Hay dos maneras. Primero, la naturaleza nos enseña que debe haber un Dios quien ha creado todo en una manera ordenada y determinada. Pero el libro de la naturaleza es difícil de leer, aunque señala hacia Dios la mente que busca. Por eso Dios en su misericordia puso otro libro en el mundo: la Biblia. La puso para que por ella pudiera revelarse al alma que le busca y darle a conocer su voluntad. La Biblia no es la historia de hombres buscando a tientas a Dios por medio de la razón e imaginación humanas, sino es la historia de Dios extendiéndose benignamente y revelándose a los hombres.

El primer artículo de la “Confesión de la fe de Dortrecht” del año 1632 lo resume en buena manera al decir:

La Biblia declara que “sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11.6), y que “es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”. Por tanto, confesamos con la boca y creemos con el corazón, conforme a las sagradas escrituras.

Asimismo, los “Fundamentos cristianos de Hartville” del año 1964 dicen:

Creemos en la inspiración plenaria y verbal de la Biblia como la palabra de Dios; que es auténtica en su materia, autorizada en sus consejos, libre de error en sus escrituras originales, y la única regla infalible de fe y práctica. Rechazamos la neortodoxía, el intelectualismo, el relativismo, y otras filosofías en que la autoridad de la palabra es rechazada, dudada, o reemplazada por el razonamiento humano (1 Corintios 2.5–7, 14; Juan 10.35; 2 Samuel 23.2; Salmo 12.6; 119.160; Jeremías 1.9; 2 Timoteo 3.16; 2 Pedro 1.20–21).

Sí, la fe de los antepasados claramente era, y todavía lo es, una fe en que la Biblia es la palabra inspirada por Dios. Ellos vivieron por esa fe, y estaban dispuestos a dar sus vidas como mártires por ella. No se pusieron a escoger sólo lo que les convenía, aceptando unas partes de la Biblia como la palabra de Dios y rechazando otras partes. La aceptaron toda como la palabra inspirada de Dios. No se atrevían a levantarse a sí mismos como “críticos” o jueces de la Biblia. Hay siete razones sobresalientes por las cuales ellos, y también nosotros, hemos aceptado la Biblia como la palabra inspirada por Dios: (1) Por causa de su origen; (2) Por causa de su propio testimonio en nuestros corazones; (3) Por causa de su preservación milagrosa; (4) Por causa de su verdad y su universalidad; (5) Por causa de su unidad notable; (6) Por causa de sus profecías cumplidas; (7) Por causa de su poder e influencia sobre la vida de las personas.

Consideremos estas siete razones.

1. Creemos que la Biblia es la palabra inspirada por Dios por causa de su origen o fuente. La Biblia viene de un origen divino: Dios mismo. Los profetas del Antiguo Testamento afirmaron que eran los receptores de revelación divina: “Jehová habló”; “Jehová dijo”; “Dios dijo”. Tales frases se encuentran casi 700 veces en sólo los primeros cinco libros de la Biblia. Por todas las escrituras se encuentran no menos de 3.000 veces. El Nuevo Testamento dice más de cincuenta veces que el Antiguo Testamento es de origen divino y de autoridad divina. El Señor Jesucristo muchas veces cita algo del Antiguo Testamento, estimándolo como las escrituras y la palabra de Dios.

Podríamos preguntarnos cómo o con qué proceso Dios inspiró la Biblia. Hechos 1.16 nos recuerda que “el Espíritu Santo habló antes por boca de David” y en 2 Pedro 1.21 dice: “Los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”. De este modo Dios causó que estos hombres escogidos hablaran y escribieran palabras inspiradas. 2 Timoteo 3.16 dice: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”. Y para que ninguno piense que solamente fueron inspirados los pensamientos de estos hombres y que ellos después escogieron sus propias palabras, la escritura dice precisamente: “palabras ... que enseña el Espíritu” (1 Corintios 2.13). Además, Cristo mismo enseñó que el Nuevo Testamento, que iba a ser escrito después de su resurrección y ascensión, sería también parte de la santa escritura: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14.26). La Biblia es de origen divino.

2. Creemos que la Biblia es la palabra inspirada de Dios por causa de su propio testimonio en nuestros corazones. Cuando primeramente leemos la palabra de Dios, el Espíritu Santo obra en nuestro corazón y conciencia para que arda nuestro corazón en nosotros y seamos convencidos de nuestros pecados (Juan 16.8). Después que somos convertidos por el poder de la palabra y del Espíritu Santo (Salmo 19.7), entonces al leer la Biblia, el Espíritu Santo da testimonio a nuestro espíritu que la palabra es la verdad (1 Juan 5.6, 10). Por esta razón el cristiano puede entender y disfrutar la palabra de Dios. Pero el hombre carnal no puede comprender las cosas profundas de Dios, porque se han de discernir espiritualmente (1 Corintios 2.13–14). ¡La Biblia tiene poco valor a un hombre hasta que él conozca al Autor personalmente! Eso me pasó a mí —antes que fui convertido, no tenía sentido la Biblia para mí. ¡Pero después que conocí a Jesucristo como mi Salvador y Señor, pude entender el libro como si hubiera estado hablándome en voz alta mientras lo leía! Un hombre no necesita una educación de seminario para poder entender la Biblia, ¡sino tiene que haber nacido de nuevo por el Espíritu Santo! ¿Me pregunta usted cómo yo sé que el Señor vive? ¡Él vive en mi corazón! ¡Gracias a Dios!

3. Creemos que la Biblia es la palabra inspirada de Dios por causa de su preservación milagrosa. Durante la historia se han hecho muchos esfuerzos para abolir, destruir, y deshacerse de la Biblia por completo. Reyes, gobernadores, dictadores, autoridades religiosas, y ateos han tratado de quemarla, enterrarla, refutarla, matar a los que la leían, confiscarla, prohibirla, y esconderla... pero la Biblia vence en toda batalla. En el siglo dieciocho, Voltaire, el incrédulo francés, profetizó que dentro de cien años después de su muerte la Biblia sería un libro desusado. ¡Hoy día es Voltaire a quien se ha echado al olvido, y la casa que era de él es usada por la Sociedad Bíblica para poner en circulación centenas de millares de ejemplares de la palabra de Dios! La Biblia es el libro de mayor venta en toda época. Se ha traducido a más de 2.000 lenguas y dialectos, y se distribuye por todo el mundo por millones. ¡Aunque tiene casi 2.000 años de edad, todavía está al día, es poderosa, y verdadera! Se eleva sobre todo el escombro y las ruinas de sus enemigos y así será para siempre. Como escribió el poeta John Clifford:

El yunque de Dios
Me detuve a la puerta del herrero,
Oí el yunque tañer y sonar,
Y vi martillos botados allí
Gastados de tanto obrar.
—¿Cuántos yunques has tenido —pregunté—,
Para tantos martillos gastar?
—Sólo uno —sonriendo me dijo él—.
Es fuerte, y queda igual.
Así, pensé, es la palabra de Dios,
El yunque que tantos asaltan;
Aunque se oyen los golpes tañer y sonar,
Queda igual. Son los martillos que faltan.

—Versión española de Pablo Yoder

4. Creemos que la Biblia es la palabra inspirada de Dios por causa de su verdad y su universalidad. -El presidente Faunce de la Universidad Brown declaró:

Ninguno de ustedes pensaría usar un libro de medicina que fue publicado hace cincuenta años; ninguno pensaría usar un compendio de ciencia que tiene cincuenta años; ninguno pensaría tomar como autoridad lo que dice un libro de psicología que tendría aun veinte años. El bosquejo de la historia del Señor Wells tuvo que ser revisado aun antes que fuera publicado. ¡Aquí hay un libro que queda como el guía oficial de todo el mundo después de todos estos siglos!

Mientras que muchos libros que tienen aun pocos años pronto se ponen anticuados, la Biblia permanece para siempre. Mientras que las teorías de los hombres se levantan y caen, “Para siempre, oh Jehová, permanece tu palabra en los cielos” (Salmo 119.89). Mientras que las teorías y filosofías de los hombres contienen errores o mentiras que son las semillas de su propia destrucción, la Biblia vive para siempre porque sólo ella es la verdad absoluta. “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17.17). Aunque la fragilidad de cada hombre le tienta a mentir, la palabra de Dios nunca miente.

Además, la Biblia no es para un solo siglo, una era, una sola porción de la tierra, ni una sola cultura. Dirige un llamamiento a los hombres de toda cultura. Ningún otro libro religioso tiene una atracción tan universal. Existen un sin número de libros escritos acerca de la Biblia. El número completo de todas las reproducciones de la Biblia traducidos y publicados durante los siglos no se puede contar. Cambia la vida de caníbales, intelectuales, hombres de ciencia, campesinos, musulmanes, budistas, chinos, indios, europeos, y americanos porque tiene un mensaje universal y transformador. Fue escrita hace miles de años en un rincón pequeño del Oriente Próximo por unos treinta y cinco escritores diferentes, pero sus principios y su mensaje se traducen y se entienden fácilmente en cualquier siglo o cultura. Es así porque fue inspirada por la mente de Dios como un libro universal. El propósito divino de este libro universal fue de preparar el camino para la venida de Cristo y su evangelio de las buenas nuevas de la salvación para la humanidad pecaminosa. Este libro glorioso, la Biblia, es el portavoz de Dios; es el medio de presentar a Cristo a los hombres; es el camino real por el cual él se dirige a cada nación para llamar a las puertas de los corazones de los hombres.

Él
Nunca edificó un templo, pero aún hay orillas
En el mar más lejano, ideales para adorarle...
Hincando la rodilla.
Él nunca escribió un libro, pero sus palabras y oraciones
Son saboreadas por millares de lenguas...
Son consejo a millones.
La vida que él demostró nunca ha sido asaltada,
Sus preceptos, como él los vivió...
Nunca les faltan nada.
Él no fundó un reino, sin embargo, Rey desde la mocedad
Él reinó, aún reina. Su reino se llama...
El reino de la verdad.

—T. Lindsey
Versión española de Pablo Yoder

5. Creemos que la Biblia es la palabra inspirada de Dios por causa de su unidad notable y sobrenatural. La Biblia es compuesta de sesenta y seis libros escritos por más de treinta y cinco hombres de todo rango de la sociedad. Llevó por lo menos mil quinientos años para su composición. El señor Gibbons llevó veinte años escribiendo la historia de Roma; el comentario de la Biblia por Clark llevó veintiséis años; compilar el diccionario inglés de Webster llevó treinta y seis años; ¡pero llevó mil quinientos años para escribir la Biblia! Sus escritores eran de toda ocupación: pastores de ovejas, pescadores, sacerdotes, profetas, hombres de estado, granjeros, y reyes contribuyeron a ella. No obstante el milagro es que todavía es un solo libro. Un solo Espíritu lo inspiró; una sola voz habla por ello; una sola mente designó su gran plan. Sus dos partes, el Antiguo y el Nuevo Testamento, forman una totalidad milagrosa, continua, y unida. ¿Por qué? Hay sólo una contestación: “Los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1.21). Es un solo libro (aunque había muchos escritores) porque tiene un sólo Autor, Dios mismo.

Tal vez el que lee se pregunte: ¿Cómo recibimos la Biblia así como es hoy día? ¿Cómo efectuó Dios la colección y la preservación y la transmisión de las sagradas escrituras tal como fueron inspiradas? La historia es realmente sencilla, y aun maravillosa. Temprano en la historia, Dios comenzó a formar el libro que iba a ser el medio de la revelación de sí mismo al hombre. Los diez mandamientos fueron escritos en piedra (Deuteronomio 10.4–5); las leyes de Moisés fueron escritas en un libro (Deuteronomio 31.24–26); se hicieron reproducciones de este libro (Deuteronomio 17.18); Josué añadió su libro (Josué 24.26); Samuel escribió en un libro y lo guardó delante de Dios (1 Samuel 10.25); este libro fue bien conocido quinientos años después (2 Reyes 22.8–20); los profetas escribieron en un libro (Jeremías 36.32; Zacarías 1.4; 7.7–12); Esdras leyó el libro de Dios públicamente (Esdras 7.6; Nehemías 8.5). En los días del Señor Jesús, este libro se llamaba “las escrituras”. Cristo lo llama “la palabra de Dios”. En el Nuevo Testamento hay más de trescientas citas de estas escrituras, y no se cita de ningún otro libro como si fuera las escrituras. Por ejemplo, los judíos no consideraron los libros apócrifos como la sagrada escritura y nunca son citados en el Nuevo Testamento. Estas sagradas escrituras fueron compuestas de los treinta y nueve libros que tenemos en nuestro Antiguo Testamento hoy, aunque a veces los judíos los pusieron en orden diferente. Se refirieron a ellos como la ley (los cinco libros de Moisés), los profetas (Josué, Jueces, Samuel, Reyes, Isaías, Jeremías, Ezequiel, los doce profetas menores), y las escrituras (Salmos, Proverbios, Job, Cantares, Rut, Lamentaciones, Eclesiastés, Ester, Daniel, Esdras, Nehemías, Crónicas).

Josefo, el famoso historiador judío, nació en el año 37 a.d.>en Jerusalén, de la aristocracia de los sacerdotes. Fue instruido en las letras de los griegos y romanos, y da testimonio indiscutible que nuestro canon del Antiguo Testamento de treinta y nueve libros ya fue decidido en los días de Esdras. Él puso nuestros treinta y nueve libros del Antiguo Testamento en veintidós libros (uno para cada letra del alfabeto hebreo), clasificándolos así: cinco libros de Moisés (la ley); ocho libros de los profetas (Josué, Jueces–Rut, Samuel, Reyes, Isaías, Jeremías–Lamentaciones, Ezequiel, Los Doce); nueve libros de las escrituras (Salmos, Proverbios, Job, Cantares, Eclesiastés, Ester, Daniel, Esdras/Nehemías, Crónicas). Nota que combinaron los libros de 1 y 2 Reyes en un solo libro, como también Jueces y Rut, Jeremías y Lamentaciones, etc., para que pudieran tener nada más veintidós, uno para cada letra del alfabeto hebreo. ¡De esta manera los muchachos judíos de la escuela aprendieron de memoria los nombres de los libros de la Biblia! Josefo dijo lo siguiente acerca de la colección y la preservación maravillosa de la Biblia por la gracia de Dios:

Tenemos sólo veintidós libros que contienen la historia de todas las edades, libros que se creen ser divinos. De éstos, cinco pertenecen a Moisés; contienen sus leyes y las tradiciones del origen del hombre hasta la hora de la muerte de Moisés. Desde la muerte de él hasta el reinado de Artajerjes, los profetas que sucedieron a Moisés escribieron en trece libros la historia de los eventos que pasaron en su propio día. Los otros cuatro libros incluyen himnos a Dios y preceptos para la conducta de la vida humana. Desde los días de Artajerjes hasta nuestro propio día cada evento en verdad ha sido registrado. Pero estas historias recientes [los libros apócrifos] no han sido estimadas dignos de igual crédito con las precedentes, a causa de la falta de la sucesión exacta de profetas. Hay una prueba virtual del espíritu con que tratamos nuestras escrituras; porque, aunque ha pasado ya un tan gran intervalo de tiempo, ninguno se ha atrevido a añadir o a quitar o a cambiar ni una sílaba. Y es el instinto de todo judío, desde el día de su nacimiento, considerar estas escrituras como la enseñanza de Dios, y cumplirlas, y si es necesario, poner alegremente su vida por su cuenta.

El hallazgo de los rollos del Mar Muerto en 1947 y en los años siguientes ha probado otra vez que nuestro Antiguo Testamento de hoy día fue preservado correcta y exactamente, palabra por palabra, lo mismo como Josefo explicó. El Nuevo Testamento fue preservado en la misma manera por la providencia milagrosa de Dios. De los miles de manuscritos y porciones del Nuevo Testamento que existen en griego, casi desde el tiempo de los apóstoles, se ha hecho un libro del texto básico del griego que contiene 500 páginas. De estas 500 páginas del Nuevo Testamento griego compilado y comparado cuidadosamente por hombres doctos, se ha juntado sólo media página de palabras variantes. Ni una de éstas afecta un punto vital de doctrina, de la moral o de la historia. La mayoría son puntos de la gramática, de entender la puntuación, etc. ¿No es maravilloso saber como Dios por su providencia ha preservado su palabra correcta y pura?

El gran milagro de la Biblia no es sólo que Dios la inspiró originalmente, ¡sino que, además, él la ha protegido por su providencia y la ha preservado pura! Cuando el Nuevo Testamento se compara con cualquiera de las escrituras apócrifas o doctrinales del siguiente siglo, ¡es evidente que es sin igual, completo, superior, unido, y sobrenatural! ¡Así tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento permanecen juntos, una unidad preservada sobrenaturalmente, sobresaliendo puros y verdaderos sobre las escrituras de hombres! Ninguno debe atreverse a añadir o a quitar nada de ella, como declara su último libro (Apocalipsis 22.19), para que no venga la maldición de Dios sobre el hombre que se mete en la Santa Biblia.

Aquí cabe un aviso de tener cuidado de no aceptar cualquier versión o traducción de la Biblia. Unos modernistas sin escrúpulos han revisado la Biblia para producir versiones torcidas que reflejan sus prejuicios. Hay varias versiones que contienen enseñanzas falsas en el texto o en las anotaciones: especialmente la Biblia de los Testigos de Jehová, la de los católicos, y la Biblia Scofield. En mi opinión, la revisión de 1960 de la versión Reina-Valera es una versión muy bonita y buena.

6. Creemos que la Biblia es la palabra inspirada de Dios por causa de sus profecías cumplidas. La profecía ha sido llamada la suprema demostración que Dios nos ha dado de la inspiración verbal. Centenares de las profecías que la Biblia contiene se han cumplido notablemente. Las profecías bíblicas no son vagas e indistintas, sino tratan de lugares, personas, y eventos específicos. El cumplimiento detallado de ellas se puede verificar fácilmente por referirse a la historia subsiguiente. La Biblia dice: “Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas” (Amós 3.7). Jesús dijo: “Desde ahora os lo digo antes que suceda, para que cuando suceda, creáis que yo soy” (Juan 13.19).

He aquí unos ejemplos del Antiguo Testamento: en Ezequiel 26 la destrucción de Tiro es profetizada. Esta profecía en parte se cumplió cuando Nabucodonosor tomó la ciudad. Pero la ciudad fue reedificada en una isla de la costa, y el cumplimiento final aconteció 250 años después cuando esa nueva ciudad fue destruida por Alejandro. Él literalmente arañó el polvo de la ciudad antigua y lo amontonó para hacer un arrecife para alcanzar y destruir la ciudad nueva. Fue predicho que la ciudad vecina, Sidón, caería bajo juicio, pero no sería extinguida por completo —y esto ha pasado. Pero como predijo la Biblia, Tiro ha llegado a ser un lugar donde los pescadores tienden sus redes en la playa. Hay profecías bíblicas acerca de muchas otras ciudades específicas, y todas se cumplieron literalmente: Tebas de Egipto (Ezequiel 30.14–16); Ascalón (Zacarías 9.5); Samaria (Miqueas 1.6,7); Jericó (Josué 6.26); Babilonia (Isaías 13.19–22), etc. Muchas profecías semejantes de otros países específicos también se han cumplido.

Las profecías más notables que se han cumplido son las de Jesucristo como el Mesías. Por ejemplo, en Daniel 9.24–26, se profetiza de las setenta semanas. Dice que 483 años después de que fue dado el mandamiento de reedificar a Jerusalén (lo cual aconteció en 457 a.c.>) aparecería el Mesías. Después de los 483 años la vida del Mesías sería quitada y él haría cesar el sacrificio y la ofrenda. ¡Todo esto se cumplió así como fue profetizado! Pero no sólo eso. En la vida y en el ministerio de Cristo se cumplieron más de 300 profecías del Antiguo Testamento. Isaías 7.14 nos dice que él nacería de una virgen. Miqueas 5.2 nos dice que nacería en Belén. Oseas 11.1 nos dice que sería llamado de Egipto. Zacarías 9.9 habla de su entrada en Jerusalén. Salmos 41.9 y 55.12–14 nos dicen que sería traicionado por un amigo. Zacarías 11.12–13 habla de que sería vendido por treinta piezas de plata y que se compraría el campo del alfarero. Isaías 50.6 nos dice que le escupirían y le azotarían. Salmo 69.21 habla de la hiel y el vinagre que le serían dados en la cruz. Salmo 22 habla de su crucifixión y del repartimiento de sus vestidos. ¡Otras hablan de su resurrección, de su ascensión, de su reinado a la diestra de Dios en los cielos, y de la venida del Espíritu Santo! ¡La probabilidad de que todas estas profecías se cumplieran por casualidad es sólo una posibilidad en el número 1 seguido de 181 ceros! ¡Observa la providencia de Dios! La profecía es la historia escrita de antemano por Dios, en su Santa Biblia.

7. Creemos que la Biblia es la palabra inspirada de Dios por causa de su poder e influencia sobre la vida de las personas. El mensaje de la Biblia ha cambiado el curso de naciones. Las naciones que lo aceptaron y se arrepintieron fueron perdonadas (como Nínive), y las que no lo aceptaron fueron destruidas. Ha cambiado la vida de hombres y mujeres. Ha transformado en santos de Dios a rameras, a borrachos, a ladrones, a criminales, a adúlteros, a mentirosos, a asesinos, y a los moralistas que son justos en su propia estimación. La Biblia ha inspirado y consolado a millones y ha cambiado el curso de la historia. Ha convertido a tribus enteras que vivieron en suciedad pagana, levantándolas por la gracia de Dios a la sanidad civilizada. Ha propagado tratamiento ilustrado hacia las mujeres, los niños, los enfermos, y los desamparados. Ha tenido un gran efecto en las formas de gobernar y en las constituciones, recordando a los gobernantes que se requiere de ellos la justicia.

Sólo piensa en lo mejor que las civilizaciones de Grecia y de Roma ofrecían. Te acordarás que antes que fueran influidas por la diseminación de ideas bíblicas, ellas practicaban el poseer esclavos, el aborto, el infanticidio, el adulterio extenso, el divorcio, la subyugación de mujeres, la homosexualidad, la incesante lucha mortífera y las guerras fratricidas, la explotación imperialista de naciones más débiles, la idolatría, la lucha entre clases de personas, y las dictaduras feroces. Pero cuando los misioneros cristianos primitivos propagaron las buenas nuevas del evangelio, los principios de la Biblia penetraron la sociedad y aunque el evangelio no convierte a los gobiernos, difunde conocimiento de principios bíblicos y muchas veces penetra la estructura de la sociedad, mejorando la suerte de los débiles y los desamparados. Pero cuando ya no se permite que alumbre la luz de la Biblia, entonces de veras vuelven los siglos oscuros del barbarismo y el hombre se relaciona con sus prójimos como una bestia.

El mundo actual está en los umbrales de una vuelta al barbarismo, porque este siglo rechaza la Biblia. Mientras sigue en su marcha, se ve más y más que las naciones llamadas “civilizadas” regresan a la brutalidad y al barbarismo; las guerras se empeoran; millones perecen de violencia y hambre. Para ilustrar esto, sólo hay que pensar en tres naciones modernas que rechazaron y atacaron la palabra inspirada de Dios: Alemania, Rusia, y la China. ¡Millones incontables han sido asesinados y esclavizados!

El libro de los libros

En este amplio libro está
El secreto de todo misterio.
En el se halla felicidad
Si en verdad se busca en serio.
Debemos temer y leer con sentido
Al meternos en la palabra;
Pues, mejor es nunca haber nacido
Que leerla para burlarla.

—Sir Walter Scott
Versión española de Pablo Yoder

Preguntas de estudio para diálogo en la clase y la iglesia

1. ¿Por qué a la Biblia le llamamos la Santa Biblia? ¿Cuál es el propósito de la Biblia?

2. ¿De dónde viene la Biblia? ¿Son inspirados sólo sus pensamientos o lo son sus palabras también?

3. ¿Por qué es que muchas personas reciben poco provecho de la Biblia?

4. ¿Qué poder causó que la Biblia fuera preservada?

5. ¿Por qué es que la Biblia siempre está al día?

6. Con treinta y cinco escritores, ¿por qué no está llena de contradicciones la Biblia?

7. Hablen de como recibimos la Biblia. ¿Son dignas de confianza todas las traducciones?

8. Hablen de algunos cumplimientos notables de las profecías de la Biblia.

9. ¿Qué pasa con las naciones que rechazan la Biblia?

10. ¿Lees tu Biblia diariamente y con oración?

Va a Capítulo 2