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Introducción

La entrega cristiana es una vida sobrenatural. Requiere más fe en Jesús, más decisión de seguirlo, y más poder espiritual para vivirlo de lo que el hombre puede producir por sí mismo. Tienes que nacer de nuevo.

Nacer de nuevo consiste en reconocer y confesar tus pecados. Es reconocer que tienes un corazón malo y engañoso que no puedes controlar. Es reconocer que vas camino al infierno sin tener con qué librarte.

Es confesar a Cristo; que incluye rogarle a Dios que acepte la sangre derramada por Jesucristo como pago por los pecados que tú has cometido. Confesar a Cristo también incluye hacer una promesa de vivir la vida de Jesús, y de hacer su obra en el mundo en agradecimiento por el perdón que él te dio por los pecados cometidos.

Pero sobre todo, nacer de nuevo es ser librado de las garras mortíferas de este mundo y de tu naturaleza pecaminosa, cuando Dios te da una parte de su naturaleza divina. Esto se logra por medio del Espíritu Santo. Él es la fuente de poder para vivir una vida de entrega a Cristo.

La entrega cristiana nos lleva directamente a la vida de discipulado. La entrega y el discipulado están tan estrechamente relacionados que no trataremos de separarlos en este estudio.

Muchos maestros de la Biblia hoy día dicen que nacer de nuevo no incluye necesariamente una entrega para seguir a Jesús. Enseñan que hay cristianos corrientes y cristianos entregados. Pero, ¡no te dejes engañar! ¡Estudia la Biblia!

El arrepentimiento y la conversión implican una entrega total a Dios, sin derecho a reclamo. Todos los cristianos verdaderos son cristianos entregados.

En muchas maneras, la entrega cristiana es como echar tu barquilla en la corriente de la voluntad de Dios. No sabes dónde te va a llevar. Pero viajas feliz con la corriente.

¡Que Dios bendiga tu viaje!