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Introducción

Este libro es el resultado de un curso de estudios sobre el tema del Espíritu Santo que impartí en una escuela bíblica del Campamento Yuhueyac, San Juan Opico, El Salvador. Esta escuela bíblica se llevó a cabo desde el 23 de octubre hasta el 9 de noviembre del año 1984. Los estudiantes me inspiraron mucho en la presentación de este estudio. Yo les prometí preparar este libro como un recuerdo de nuestra clase. Espero que el mismo pueda servir para otras clases en el futuro. Toda la gloria y honra sea a Cristo.

Guillermo R. McGrath, autor

 

Capítulo 1

La persona del Espíritu Santo

El Espíritu Santo tiene su personalidad. La Biblia nos enseña esta doctrina. En los capítulos 14, 15 y 16 del evangelio de Juan se habla del Espíritu Santo usando el pronombre “él”. Por ejemplo, Juan 14.26. Desde luego, al decir “él” no es para referirnos a una fuerza, a un líquido o a un objeto sin vida, sino a alguien que tiene una personalidad. Además, el Espíritu Santo es la tercera persona de la trinidad.

Muchas veces en la Biblia nosotros notamos los atributos que Dios le asigna al Espíritu Santo. Por ejemplo, él es eterno (véase Hebreos 9.14). Escribe aquí este versículo:  

El Espíritu Santo es llamado Dios (véase Hechos 5.3–4).     

El Espíritu Santo todo lo escudriña (véase 1 Corintios 2.10–11).    

El Espíritu Santo está presente en todas partes (véase Salmo 139.7–8).   

El Espíritu Santo es el Creador (véase Génesis 1.1–2).   

El Espíritu Santo es llamado el Altísimo (véase Lucas 1.35).  

Para nosotros queda claro que el Espíritu Santo es Dios, porque él es una de las personas de la (1) ________________.

Los nombres del Espíritu Santo

La verdad fundamental del Espíritu Santo es que él tiene una personalidad divina. Su personalidad lo hace ser Dios (véase 2 Corintios 3.3, 17; Juan 16.7–15; Hechos 5.3–4). Él hace lo que solamente Dios puede hacer: crea, regenera, resucita a los muertos, inspira las escrituras, etc. Por esta razón, en Mateo 28.19 aparece como una de las personalidades de la trinidad. El bautismo del creyente verdadero tiene que ser “en el nombre del (2)__________, y del (3)________, y del (4)________________ __________”.

La Biblia hace referencia al Espíritu Santo por nombre más de 300 veces. Su pronombre es mencionado por lo menos 40 veces. Esto hace un total de más de (5)______ veces que la Biblia se refiere al Espíritu Santo.

En la siguiente lista de versículos aparecen otros nombres que definen al Espíritu Santo. Busca cada cita y escribe en la raya cuál es su nombre.

  (6)  Romanos 1.4:

  (7)  Hebreos 9.14:

  (8)  Romanos 8.9:

  (9)  Romanos 8.2:

(10)  Juan 14.17:

(11)  Mateo 1.18:

(12)  Hebreos 10.29:

(13)  Hechos 1.4:

(14)  Juan 14.26:

(15)  1 Pedro 4.14:

(16)  Génesis 1.2:

(17)  Mateo 10.20:

(18)  Gálatas 4.6:

Símbolos del Espíritu Santo

Además, en la Biblia aparecen descritas muchas cosas que simbolizan al Espíritu Santo. ¿Cuáles son los símbolos según las siguientes citas? Escribe cada símbolo en la raya al lado de la cita bíblica.

(19)  Juan 3.5; 7.38–39:

(20)  Mateo 3.11:

(21)  Efesios 4.30:

(22)  1 Juan 2.20, 27; Isaías 61.1, 3:

(23)  Hechos 2.2–4:

(24)  Mateo 3.16:

¿Acaso no es maravilloso el Espíritu Santo? Por supuesto que sí.

La armadura del Espíritu Santo

La vida cristiana es una vida de batalla espiritual contra las fuerzas del mal. No peleamos literalmente con nuestras manos ni con machetes. Tampoco usamos la armadura de este mundo para pelear. ¿Por qué no?

Escribe aquí 2 Corintios 10.3–5:     

¿Quién es nuestro peor enemigo? (25)______________

Sí, él es el enemigo de nuestras almas. Cuando el Señor luchó contra él y lo venció lo hizo por medio del arma de la palabra de Dios. Escribe Mateo 4.4: “El [Jesús] respondió y dijo:    .”

De esta misma forma es con el cristiano. El arma más poderosa del cristiano contra su enemigo es la espada del Espíritu Santo que es la (26)______________ de ________ (véase Efesios 6.17). También lee Apocalipsis 19.13, 15.

¿Qué piensas tú que son las “fortalezas” del pecado contra las cuales peleamos? Lee 2 Corintios 10.4–5. ¿Acaso tú dirías que la televisión es una fortaleza del pecado? (27)____ ¿Dirías que el radio es otra fortaleza del pecado? (28)____ ¿Qué de tomar licor, fumar y usar las drogas? ¿Serán todas estas cosas fortalezas del pecado? (29)____ ¿Qué del cine? (30)____

La palabra de Dios nos dice: “Pelea la buena batalla de la fe”. ¿Cuál es esa batalla? (31) 

Escribe 1 Timoteo 6.12 y 2 Timoteo 4.7:      

¿Acaso fusilar a mujeres y niños será la “buena batalla de la fe”? (32)____ ¿Podría decirse que bombardear otras ciudades es pelear la buena batalla de la fe? (33)____ ¿Qué de pelear con los puños o con machetes? (34)____ Si ninguna de estas cosas es pelear la “buena batalla de la fe” entonces, ¿qué podría ser? Dialoga con otro cristiano sobre qué cosa es pelear la “buena batalla de la fe”.

¿Cuál habrá sido la impresión que tuvieron los primeros cristianos cuando leyeron Efesios 6.10–20? Ellos vieron una lista completa de la armadura espiritual del cristiano para la batalla espiritual. Llena los espacios en blanco.

 

Los soldados cristianos pelean contra enemigos espirituales y es por eso que su armadura también es espiritual. El yelmo de la (41)__________________ protege nuestras mentes de los pensamientos malos y pecaminosos. Cuando Satanás nos lanza los dardos de fuego de maldad entonces nosotros levantamos nuestro escudo de la (42)____ para hacer que los mismos reboten y no penetren.

En los empujones y movimientos recios que se hacen en la batalla, nuestros lomos están ceñidos con la (43)____________ para así vencer las mentiras del enemigo. Cuando nos ponemos de pie lo hacemos con firmeza porque nuestras botas son el apresto del evangelio de la (44)______ y por tanto no seremos vencidos por la confusión, ni el temor ni la duda. Cualquier emoción mala que trata de penetrar a nuestro corazón rebotará en la coraza de (45)________________.

La lucha interior

Aunque el cristiano ha nacido de nuevo por el poder del Espíritu Santo todavía es tentado por la maldad. Satanás, quien es nuestro enemigo principal, usa la naturaleza humana como una entrada para lanzar los dardos de la tentación. Por esa razón es mejor evitar visitar lugares tales como: los cines, los bailes, las cantinas y los lugares donde se juegan deportes competitivos. Se debe evitar también la televisión y la radio a causa de la suciedad moral que se trasmite por medio de los mismos.

Sin embargo, la naturaleza humana tiene que ser conquistada por el poder de Dios. Durante esta vida la naturaleza humana que todos tenemos nunca va a desaparecer totalmente, pero gracias a Dios ahora se nos ha dado una naturaleza nueva. Es por eso que debemos entregarnos al poder de la vida nueva y de esa manera podemos recibir la mente de Cristo. ¡Gloria a Dios porque ahora tenemos la victoria por medio de la sangre del Señor Jesucristo!

Jesucristo dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lucas 9.23). Si tomamos la cruz cada día quiere decir que morimos diariamente a la naturaleza adámica y vivimos diariamente con Cristo.

Completa el siguiente versículo de Romanos 6.11: “Así también vosotros consideraos muertos al (46)____________, pero (47)__________ para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro”.

Satanás y el mundo pueden lanzar muchos dardos de fuego contra nuestros corazones. No obstante, el príncipe de las tinieblas no podrá dominarnos si nuestra defensa es toda la armadura de Dios, si oramos, si conocemos bien la Biblia y si somos guiados por el Espíritu Santo. ¡Gracias a Dios por la victoria que él nos ha dado en Cristo Jesús! Completa el siguiente versículo de Apocalipsis 12.11: “Y ellos le han vencido por medio de la (48)____________ del Cordero y de la palabra del (49)____________________ de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte”.

 

Capítulo 2

Diversidad de operaciones por el Espíritu Santo

La Biblia nos enseña en 1 Corintios 12.6 que hay diversidad de operaciones del Espíritu de Dios, pero el Espíritu Santo es el mismo. Busca los siguientes versículos y escribe la operación del Espíritu Santo que aparece en cada uno de ellos. Operación quiere decir la obra que el Espíritu Santo hace.

  (1)  Génesis 1.2:

  (2)  2 Pedro 1.21:

  (3)  Juan 16.8:

  (4)  Juan 3.5:

  (5)  1 Corintios 12.13:

  (6)  1 Corintios 6.19:

  (7)  Juan 14.26:

  (8)  Hechos 1.8:

  (9)  Hechos 13.2:

(10)  Apocalipsis 2.7:

(11)  Hechos 8.29:

(12)  Juan 15.26:

(13)  1 Juan 3.24:

(14)  Juan 14.16:

(15)  Romanos 8.26:

(16)  Gálatas 5.22–23:

(17)  1 Corintios 12.11:

(18)  2 Corintios 3.18:

(19)  Juan 16.14:

(20)  2 Corintios 3.17:

El Espíritu Santo también nos ayuda a crecer en la vida cristiana y nos cambia de gloria en gloria a la imagen de Cristo (véase 2 Corintios 3.17–18). Es cierto que somos hechos perfectos por medio de la sangre de Cristo y que también somos justificados en él al convertirnos a su fe. Sin embargo, nosotros tenemos que permanecer fieles y en toda obediencia a la palabra de Dios para que por medio de la misma Cristo nos pueda perfeccionar mucho más por la operación del Espíritu Santo en nuestras vidas. El pecado impide y destruye la operación del Espíritu Santo.

¡Gloriosas y maravillosas son las operaciones de Dios en nosotros!

La plenitud del Espíritu Santo

Aquí vemos algunas cosas que se refieren al Espíritu Santo y que tienen que ver con recibir su plenitud. ¿Cómo es que nosotros recibimos la plenitud del Espíritu Santo en nuestras vidas? Alrededor del círculo vemos ocho símbolos bíblicos del Espíritu Santo. El Espíritu Santo nos llena como un río. Además, él hace su nido en nuestro corazón trayendo su paz como lo hace una paloma. Él es ese viento que sopla en nuestro ser y que nos da aliento de vida. El Espíritu Santo es como el árbol plantado en nuestras vidas que produce el fruto espiritual que otros ven en nosotros. Es una espada que nos defiende de los enemigos espirituales de la maldad. Él es el divino huésped que mora en nuestro templo o personalidad. Su aceite mantiene una llama de fuego en nosotros que no se apaga en nuestros espíritus.

En el centro del dibujo aparecen los cuatro requisitos para la plenitud del Espíritu Santo en nuestro ser. Veámoslos:

Entender que tener la plenitud del Espíritu Santo es parte de la vida cristiana. Esto constituye un mandato de la palabra de Dios: “Sed llenos del Espíritu” (Efesios 5.18). La vida cristiana no es una vida débil ni mucho menos muerta. Cristo nos prometió: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10.10). Abundancia significa “gran cantidad o número de cierta cosa”.

Rendir nuestro cuerpo y mente a Dios como un sacrificio vivo. Este debe ser el camino constante del discípulo del Señor (véase Romanos 12.1–2). El hombre comprado por la sangre de Cristo es un hombre rendido al Señor, vive en arrepentimiento, es leal y completamente sumiso en toda obediencia a su Salvador. Si estamos en esa condición entonces somos transformados del mundo de vanidad y orgullo al reino del Hijo de Dios.

Vaciar nuestra voluntad de todos los obstáculos o estorbos es un paso consciente y diario en la vida cristiana. Si amamos más a cualquier otra cosa o persona que a él entonces el Espíritu Santo no podrá llenarnos porque ya estamos llenos de otras preocupaciones. Debemos confesar todo pecado y dejar todo obstáculo que impida nuestra sanidad espiritual. El hombre que ama la música mundana, los programas de televisión o el entretenimiento mundano ya tiene su copa llena de cosas que impiden la plenitud del Espíritu de Dios en su vida (véase Santiago 4.4).

Pedir el poder espiritual de Dios deberá ser una oración constante para el hijo de Dios (véase Lucas 11.13). El cristiano tiene al Espíritu de Dios desde el momento de su conversión (véase Romanos 8.9; Efesios 1.13; 1 Corintios 12.13), y la plenitud del poder del Espíritu Santo es un privilegio dado continuamente a los hijos de Dios (véase Hechos 4.8; 4.31). ¡Gracias a Dios por la vida de plenitud y abundancia que él nos ha dado en el Espíritu Santo! Si tú aún no tienes esta plenitud del poder del Espíritu Santo en tu vida entonces pídela a Dios en el nombre de Jesucristo nuestro Salvador y él te la dará.

Símbolos de nuestra vida en el Espíritu Santo

En el dibujo que se encuentra en la página 16 vemos ocho símbolos bíblicos de la plenitud del Espíritu Santo. Por ejemplo, la Biblia nos enseña que la vida espiritual en el ser interior del cristiano es como un río de agua viva. Este río fluye y rebosa en nuestro interior para refrescarnos y llenarnos.

Además, el Espíritu Santo es como el aceite santo de olivo que usaba el sacerdote en el tabernáculo para llenar la lámpara. Cuando oramos y meditamos diariamente en la palabra de Dios ese aceite santo o unción de arriba nos llena (véase 1 Juan 2.27). En Mateo 25.8 vemos qué pasa con las personas que permiten que ese aceite escasee en sus vidas: ¡Sus lámparas se apagan!

Nuestro corazón es como un altar. En este altar nosotros debemos mantener vivas las llamas de fuego santo que nos purifican por medio del Espíritu Santo y la Biblia. Es imposible ser espirituales sin ser bíblicos (véase Levítico 10.1–2).

La palabra de Dios, que es la espada del Espíritu Santo, es nuestra arma más poderosa para defendernos contra el enemigo de nuestras almas. Nuestro Salvador usó esta arma para rechazar las tentaciones de Satanás (véase Mateo 4.1–11).

Nuestra vida es también como un árbol que da el fruto del Espíritu Santo. Si nosotros estamos plantados a la orilla del río del agua viva entonces nuestras vidas producirán muchos frutos espirituales para la gloria de Dios (véase Salmo 1.3; Gálatas 5.22–23).

Desde hace muchos años la paloma representa la paz en casi todas las naciones. El Espíritu Santo descendió sobre Jesús en forma de una paloma (véase Mateo 3.16). Él desciende sobre cada creyente verdadero y hace un nido en su corazón trayendo una paz interior que sobrepasa todo entendimiento humano.

En Juan 3.8 Jesús compara al Espíritu Santo con el viento. El viento es invisible y fuerte, y siempre está más allá del control del hombre. Así es el Espíritu Santo. No lo vemos, pero experimentamos su poder en nuestras vidas si nosotros se lo permitimos. Tampoco podemos sujetar al Espíritu Santo a que se adapte a nuestras ideas; más bien tenemos que rendirnos a él.

Nuestro corazón es el templo del Espíritu Santo. Él quiere morar en nosotros y transformarnos a la imagen de Cristo Jesús para darnos crecimiento espiritual (véase 2 Corintios 3.17–18). Este proceso se desarrolla hasta que el cristiano se hace más y más semejante al carácter y la mente de Cristo (véase Efesios 4.12–15; 1 Juan 3.2; Filipenses 2.5).

Si en realidad nuestro corazón es un templo del Espíritu Santo entonces nosotros debemos asegurar que todas las habitaciones del mismo estén bajo el control absoluto del Divino Huésped. Nuestros ojos no deben codiciar las modas del mundo así como tampoco deben deleitarse en observar las películas del cine o de la televisión. Nuestros oídos no deben estar escuchando a voluntad la música mundana ni tampoco ser parte de las conversaciones donde el chisme y lo profano abunda. Nuestra boca debe dar alabanzas a Dios en todo momento. No debemos permitir que nuestra lengua se mueva sin que el Maestro la controle. Nuestro deseo debe ser el de cantar himnos y cánticos espirituales que glorifiquen al Señor de nuestra fe. De tal testimonio se agrada Dios. Esto prepara a nuestras almas para recibir la plenitud del Espíritu Santo en nuestras vidas (véase Efesios 5.18–20).

La plenitud del Espíritu Santo en la vida del cristiano deberá ser algo que suceda día tras día. Lee Efesios 1.13; 3.19; 5.18.

Si tú no tienes esta plenitud entonces pídela a Dios y sigue sus requisitos cumpliendo con todos.

 

Capítulo 3

El fruto del Espíritu Santo

El propósito de la vida cristiana es prepararnos para la vida eterna en los cielos. Es por eso que el pecador debe confesar sus pecados y recibir al Salvador. A partir de ese momento es que esa persona se convierte en un santo del Señor. La vida del cristiano consiste en vivir una vida en santidad. “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12.14). Esto quiere decir que el cristiano puede crecer en la santidad a medida que su vida cristiana madura en el Espíritu Santo.

Cuando nosotros nos hacemos cristianos es porque Cristo el Hijo de Dios ha entrado a morar en nuestro corazón. Es por eso que el progreso en la vida cristiana consiste en llegar a ser semejantes a él: “A fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4.12–13).

Por esta razón todo el fruto del Espíritu Santo es con el objetivo de desarrollar la imagen de Cristo en nuestra vida. “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Filipenses 2.5). “Mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3.18).

El trabajo de la iglesia y la obra del Espíritu Santo consisten en ayudar al cristiano a crecer y madurar en el proceso de esta transformación. “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros” (Gálatas 4.19). “Sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro” (1 Juan 3.2–3).

Una descripción del Señor (fruto, bienaventuranzas, especias)

El número nueve es el número simbólico del Espíritu Santo. (Siete es el número del Padre porque completó la creación y descansó en el séptimo día. Ocho es el número del Hijo de Dios; él resucitó el octavo día, el día del Señor.) En la Biblia aparecen algunas descripciones del fruto del Espíritu Santo: las características de Gálatas 5.22–23, las nueve bienaventuranzas del Sermón del Monte en Mateo 5.3–12 y las nueve especias del huerto de Dios en Cantares 4.12–16. Estas tres series de nueve forman una descripción de la mente del Salvador.

En Gálatas 5.22–23 se nos muestra la lista del fruto del Espíritu Santo. Estas nueve características corresponden con las nueve bienaventuranzas del Sermón del Monte. Las dos porciones describen bien el carácter del Salvador: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza.

El Sermón del Monte (Mateo 5, 6, 7) comienza con la descripción del alma bienaventurada de aquel que es hijo de Dios: amoroso, lleno de fe, manso, bondadoso, benigno, limpio, pacífico, paciente y gozoso en medio de la persecución. ¡Es nada menos que la descripción de la imagen de Cristo en el cristiano!

¿Por qué dice “fruto” del Espíritu?

Un fruto es algo que crece y se desarrolla partiendo desde la semilla, luego pasa a la raíz, al tronco, las ramas, las flores y por último se convierte en lo que llamamos el fruto. Así es la obra del Espíritu Santo dentro de nuestras vidas.

Todo comienza con la siembra de la semilla de la palabra de Dios en nuestros corazones y continúa hasta que la misma da el fruto espiritual para lo cual fue sembrada. La cosecha que Dios espera recoger es el carácter cristiano que se desarrolla y madura siendo lleno del Espíritu Santo y guiado por él. Nuestro Salvador quiere reproducir dentro de nosotros su “naturaleza divina”. “Nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia” (2 Pedro 1.4).

El Sermón del Monte comienza en Mateo capítulo 5 mostrándonos cómo debe ser el carácter del cristiano y lo hace por medio de las nueve bienaventuranzas. Este mensaje tan poderoso y cautivador concluye en Mateo capítulo 7 con las palabras tan definitivas y enfáticas del Señor: “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7.16). La prueba del cristianismo verdadero siempre es el fruto de la semejanza del carácter de Dios en la vida de los cristianos.

“Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5.44–45).

No sería lógico escoger a un árbol malo y colocar en él buenos frutos. El fruto nace de la savia que está dentro del árbol. ¡El fruto artificial no se puede comer! En nuestra experiencia espiritual el crecimiento del fruto tiene su origen en el Espíritu Santo que mora en nuestro espíritu y echa raíces, ramas, flores y frutos. “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos (...). Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo” (Salmo 1.1, 3).

Jesús nos protege de los falsos profetas

Hoy en día vivimos en un mundo lleno de violencia e impureza. Sin embargo, el mundo de hoy es muy parecido al mundo antiguo de los días de Noé.

En Génesis 6.5 se nos enseña que el mundo antediluviano enojó a Dios porque “todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”. Aquel mundo corrompido estaba lleno de impureza y violencia (véase Génesis 6.11).

En la actualidad existen muchos que profesan ser “cristianos” y que pretenden ser “creyentes” por medio de sus palabras, pero no viven vidas que demuestran que están siguiendo al Salvador. Ellos están involucrados en la corrupción, la fornicación, el divorcio, el adulterio y otras impurezas que junto con los muchos males sociales han hecho que este mundo sea tan perverso y pecador como lo llegó a ser en el tiempo antiguo. La Biblia nos enseña claramente: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5.8).

También los falsos profetas de nuestros días pretenden hacer muchos “milagros” y tener “dones espirituales” como lo hicieron en la antigüedad. No obstante, ellos mismos participan en la guerra, se involucran en la política, pelean entre ellos mismos y viven entregados a la violencia. A tales personas dirá nuestro Señor: “Nunca os conocí” (Mateo 7.23).

Si todos nosotros hacemos un estudio minucioso de las porciones de la Biblia que describen los dones del Espíritu Santo nos vamos a dar cuenta que las mismas casi siempre están acompañadas por la descripción del fruto del Espíritu Santo. Pienso que uno de los objetivos de esta revelación es a causa de que es fácil falsificar los “dones”, ¡pero es imposible falsificar el fruto! En Mateo 7 del versículo 15 al 23 se describe cómo vienen los falsos profetas que pretenden tener muchos “dones milagrosos”, pero que no conocen a Cristo. Jesús nos dice que nosotros vamos a conocer a tales profetas por los frutos de su vida. También vemos otra advertencia en 1 Corintios en los capítulos 12 y 14. Aquí se describen las instrucciones y los beneficios de los dones espirituales en la iglesia. No obstante, también se nos muestra una descripción de los desórdenes en la práctica de los dones cuando los mismos no son controlados por el Espíritu Santo. Nosotros debemos reconocer cuando un don proviene del Espíritu Santo de Dios y cuando proviene de otros espíritus engañadores. Jesús nos enseñó que por sus frutos los podíamos conocer. Además, la palabra de Dios nos instruye a que probemos los espíritus (véase 1 Juan 4). El verdadero don del fruto del Espíritu Santo se muestra en la manifestación del amor. Esta definición se puede encontrar en 1 Corintios 13.

En la actualidad existen varios grupos religiosos que pretenden tener los “dones”, pero sus vidas testifican que les falta el fruto del Espíritu Santo.

La iglesia es el huerto de Dios

En Isaías 5.1–7 se describe al pueblo de Dios como la viña del Señor. Una viña casi siempre tiene cercas para proteger la misma y quizá hasta torres para el atalaya. En Juan 15.1–8 se describe a Cristo como nuestra Vid y a nosotros como los pámpanos que llevan fruto. En 1 Corintios 3.6–9 se describe a la iglesia como una labranza que es sembrada y regada por Dios, quien es el que le da el crecimiento.

En Eclesiastés 2.4–6, Salomón describe sus viñas, sus huertos y sus jardines que fueron sembrados con árboles de toda clase de fruto y regados por corrientes de agua. También en Cantares 4.12–16 el propio Salomón hace una comparación que se relaciona mucho con la iglesia. Aquí se da la idea del huerto con nueve especias y frutos rodeando una fuente y un pozo de aguas vivas.

Cuando el cristiano piensa en estas cosas debe animarse a cuidar bien su corazón (véase Proverbios 4.23). Nuestro corazón es el huerto espiritual de Dios. La fuente de agua viva es el Espíritu Santo obrando en nuestro ser interior (véase Juan 4.13–14; 7.37–39). El Espíritu Santo es quien riega cada rincón del huerto de Dios en nuestros corazones. Cada parte de este huerto tiene su flor o árbol con frutos lo cual es un símbolo del aspecto espiritual del fruto del Espíritu Santo en nuestras vidas.

Nosotros también podemos decir que el huerto de Dios es la iglesia del Señor. Entonces ese viento que sopla sobre el huerto, que es la iglesia, hace que el fruto de la misma se madure. Por tanto, ese viento no podría ser otra cosa que el Espíritu Santo que da el aliento de Dios a todas las cosas (véase Juan 3.8; Cantares 4.16). El huerto de Dios siempre está bien protegido con cercas y torres. Muchas veces estas cercas y torres son las normas bíblicas que protegen a las plantas bajo la protección de la palabra de Dios contra las bestias silvestres del mundo carnal. Una iglesia sin normas basadas en los principios bíblicos sería como un huerto abandonado.

En Cantares 2.4 se habla de una de estas torres del huerto de Dios: “Me llevó a la casa del banquete, y su bandera sobre mí fue amor”. Era la costumbre de esa época tener palacios en los huertos donde el rey podía tener un dulce compañerismo con sus amigos especiales. Aquí se habla en el sentido espiritual y se dice: “Gozo es la bandera que ondea en el mástil del palacio cuando el Rey está presente”.

Los especialistas en la botánica nos dicen que cada especia o fruto de Cantares 4.12–16 tiene una cierta propiedad. Vamos a comparar estas especias con los nueve frutos de Gálatas 5.22–23.

Granado. Produce una fruta que simboliza el amor. Tiene muchas semillas; es refrescante y vigorizante. Contiene una medicina que destruye a los parásitos. “Mas el fruto del Espíritu es amor” (Gálatas 5.22).

Alheña. Simboliza el gozo. El arbusto de alheña produce fragantes flores blancas. De esta planta los antiguos hacían un perfume raro y dulce. El gozo del Señor es como un perfume agradable que rodea nuestra vida entera. “El gozo de Jehová es vuestra fuerza” (Nehemías 8.10). (Véase Gálatas 5.22 para gozo.)

Nardo. Es un arbusto medicinal. De su raíz se saca un ungüento aromático para calmar las inflamaciones. También tiene propiedades preservativas. El nardo simboliza la paz que calma nuestras emociones turbadas y que también sirve como antiséptico contra la putrefacción y serena los malestares de la ansiedad. “La paz de Dios gobierne en vuestros corazones” (Colosenses 3.15). (Véase Gálatas 5.22 para paz.)

Azafrán. Es una florcita muy pequeña que es capaz de colorar y enriquecer grandes cantidades de arroz cuando se muele y se mezcla en la comida. Se ha usado también como laxante y para limpiar los venenos del cuerpo. Simboliza la paciencia porque un poco de paciencia da buen sabor a toda la vida y nos guarda de los venenos del enojo y los rencores. “Mas tenga la paciencia su obra completa” (Santiago 1.4). (Véase Gálatas 5.22 para paciencia.)

Caña aromática. Es una planta muy suave. De ella se saca un ungüento para disminuir las inflamaciones en el cuerpo. Simboliza la benignidad que sana nuestras heridas. “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4.32). (Véase Gálatas 5.22 para benignidad.)

Canela. Es la cáscara de un árbol que tiene propiedades antibióticas: destruye las bacterias y disminuye las infecciones en el cuerpo. De ahí que la misma simbolice la bondad que domina y vence a la maldad. “Vence con el bien el mal” (Romanos 12.21). (Véase Gálatas 5.22 para bondad.)

El árbol de incienso. Produce como una goma que se disuelve en alcohol y se quema para darle un ambiente agradable a cualquier lugar. En la Biblia simboliza la fe y su acción es la oración que asciende al mismo trono de Dios. “Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono” (Apocalipsis 8.3). (Véase Gálatas 5.22 para fe.)

Mirra. Es un polvo medicinal extraído de la goma que produce una planta pequeña. Para sacar la misma se corta la cáscara de la planta. Cuando su cáscara es cortada entonces esta planta echa una goma que fluye y que se utiliza para curar las heridas. La mirra simboliza la mansedumbre del pueblo de Dios. El pueblo de Dios ha sido perseguido y maltratado durante casi toda la historia del mismo, pero siempre se ha mantenido manso y amoroso (aun con los propios enemigos). La mirra contiene un poderoso antibiótico para combatir a las bacterias. El agresivo conquistador nunca va a heredar la tierra, sino que: “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad” (Mateo 5.5). (Véase Gálatas 5.23 para mansedumbre.)

Aloe.1 Es una planta medicinal que cura las quemaduras de la piel y los males del estómago. El extracto curativo se halla en las hojas que a su vez son protegidas por una cáscara tiesa con espinas. Esta planta simboliza la templanza que es una cualidad esencial en la persona y que nos enseña a dominarnos a nosotros mismos. “Golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre” (1 Corintios 9.27). (Véase Gálatas 5.23 para templanza.)

Nosotros tenemos que darle gracias a Dios por todo el buen fruto que él ha producido en su huerto para nuestro beneficio físico y espiritual. Tanto el cultivo como la cosecha de tales remedios ayudan a mantener a la iglesia pura, pacífica y sin mancha en medio de un mundo lleno de impureza y violencia. “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5.9).

Por otra parte, un buen resumen del fruto del huerto espiritual de Dios se encuentra en Santiago 3.17–18: “Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.”

“Soplad en mi huerto, despréndanse sus aromas. Venga mi amado a su huerto, y coma de su dulce fruta” (Cantares 4.16). ¡Amén!

 

Capítulo 4

A continuación aparece una lista de los quince dones. Usando la lámina, escribe una “Ñ” si es un don de señal; una “E” si es de enseñanza y una “S” si es de servicio.

  (1)  profecía

  (2)  exhortación

  (3)  administración

  (4)  milagros

  (5)  misericordia

  (6)  palabra de ciencia

  (7)  interpretación de lenguas

  (8)  fe

  (9)  ayuda

(10)  discernimiento de espíritus

(11)  sanidades

(12)  enseñanza

(13)  repartimiento

(14)  palabra de sabiduría

(15)  diversos géneros de lenguas

Mal interpretaciones en cuanto a los dones

Los dones del Espíritu Santo son siempre secundarios en importancia en comparación con el fruto del Espíritu Santo. Esto lo hemos visto en cada porción de la Biblia donde aparece un contraste entre los dones y el fruto del Espíritu Santo.

Por ejemplo, en el Sermón del Monte Jesucristo explica que los falsos profetas vendrán exaltando los dones, pero que carecerán del testimonio del fruto espiritual en sus vidas. El Señor menciona específicamente los dones de profecía, echar fuera a los demonios, milagros (de sanar y otros) y la práctica emocionante de usar las vanas repeticiones cuando se ora. Este engaño domina a muchos grupos religiosos carismáticos en la actualidad.

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7.21–23).

Siempre la prueba verdadera de la espiritualidad es la conformidad y obediencia a la palabra de Dios. Muchos de los grupos religiosos de hoy que ponen un énfasis extremo en los dones practican cosas que el Nuevo Testamento prohíbe. Ellos confunden la emoción con la espiritualidad; hacen una bulla desagradable y hasta dan gritos durante el culto. Esto está prohibido en el Nuevo Testamento (véase 1 Corintios 14.32–33, 40). Ellos permiten que las mujeres prediquen y eso también está prohibido en el Nuevo Testamento (véase 1 Corintios 14.34–35 y 1 Timoteo 2.11–12). Ellos no les enseñan a sus mujeres a cubrirse con un cubrimiento cristiano como también lo instruye el Nuevo Testamento (véase 1 Corintios 11.2–16). Ellos permiten el divorcio y el adulterio (véase Mateo 19.3–9 y 1 Corintios 7.10–11, 39). Sin embargo, todos ellos se jactan de tener los “dones” y de ser más espirituales que nadie.

Cristo enseña claramente que los que practican los “dones” sin tener el fruto del Espíritu Santo y sin obedecer a la palabra de Dios se están engañando a sí mismos. Él les dirá: “Nunca os conocí” (Mateo 7.23). El Señor nos enseña que por sus frutos los conoceremos (véase Mateo 7.16).

Por todo lo antes expuesto, nosotros consideramos que es muy necesario entender la doctrina de los dones del Espíritu Santo. Una vez más planteamos que podemos verificar la autenticidad de los dones por medio de la presencia del fruto del Espíritu Santo en la vida del creyente. Al notar cuidadosamente las porciones de la Biblia que nos enseñan acerca de los dones nosotros vemos que casi siempre las mismas se refieren también al fruto del Espíritu Santo en la vida del creyente.

El propósito de los dones del Espíritu Santo es siempre para la edificación de la iglesia. En 1 Corintios 14.26 se nos dice: “Hágase todo para edificación”. En Efesios 4.12 se nos explica que todos los dones deben tener este propósito: “Perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”.

Si alguien desea practicar algún “don” que no edifica a la iglesia entonces él debe callarse en la congregación y practicarlo en casa (véase 1 Corintios 14.27–28). La Biblia nos habla del don de lenguas, pero le da más énfasis al don de la profecía (véase 1 Corintios 12.28–30 y 1 Corintios 14). El don de lenguas es de menos importancia porque cinco palabras entendidas son mejores que 10.000 en lengua desconocida (1 Corintios 14.19).

Si estudiamos bien las seis porciones de la Biblia que se refieren a los dones del Espíritu Santo nosotros vamos a notar que ningún don es recibido por la voluntad del que lo recibe, sino que es un regalo de Dios según él lo dispone. “Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere” (1 Corintios 12.11). A nosotros se nos confirma esta verdad en Hebreos 2.4 cuando se refiere a la distribución de los dones por parte de Dios y dice: “Y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad”.

En este caso sería incorrecto demandar que Dios nos dé cierto don tan sólo porque otro lo tiene. Eso pudiera ser envidia. Es cierto que es bueno desear y procurar los dones para edificar a la iglesia, pero sólo según la voluntad de Dios y nunca por nuestra propia voluntad. Los hombres esperan; Dios reparte. Existe un gran peligro cuando los hombres comienzan a fabricar los “dones” de acuerdo con el propio espíritu de ellos o (peor aun) del espíritu del diablo. Tú tienes que contentarte con los dones que Dios te ha dado para la gloria y honra suya solamente. No debes fabricar dones falsos para tu propia alabanza.

Además, nosotros debemos escuchar la advertencia del Señor en cuanto a los que piden señales. Jesucristo nos enseña que: “La generación mala y adúltera demanda señal” (Mateo 12.39). Por esa razón existen varios grupos religiosos que constituyen un peligro para la fe cristiana debido a su constante demanda de señales. Es cierto que Dios puede sanar a los enfermos y una prueba de ello se encuentra en Santiago 5.14–18. Sin embargo, no aparece ninguna promesa en la Biblia que afirme que Dios siempre sanará a los enfermos. Por ejemplo, el joven Timoteo no se mejoraba de sus enfermedades estomacales (véase 1 Timoteo 5.23). Lucas era “el médico amado” y ello nos muestra que también nosotros podemos recurrir a los médicos cuando tenemos alguna enfermedad.

Otro engaño que se practica entre los que les dan más énfasis a los “dones” que a los frutos del Espíritu Santo es la opinión de que todos deben hablar en lenguas milagrosas. En 1 Corintios 13.1 se nos dice que pueden existir lenguas que son vanas, quizá por su falsedad, a causa de la carencia de la presencia del fruto del amor. En 1 Corintios 12.30 se nos da la idea que no es necesario que todos hablen en lenguas. Además, en 1 Corintios 14.27–28 se nos instruye que solamente dos o tres pueden hablar en lenguas en la congregación y si no hay interpretación entonces los que hablan deben callar. La Biblia dice: “calle en la iglesia” (1 Corintios 14.28). Es mejor no hablar que hablar sin ser entendido.