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El Dios del deporte

“Porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera.” —1 Timoteo 4.8

El siglo veintiuno tiene a un dios muy popular. El mundo se vuelve loco sirviendo a este dios. Y muchas personas que se hacen llamar “cristianos” también le prestan atención. Me refiero al dios del deporte. “Pero”, tú me dices, “¿qué hay de malo en el deporte?” Bueno, veamos lo que la Biblia tiene que decirnos al respecto.

Aunque la Biblia no dice mucho en cuanto al deporte como tal, sí nos deja algunas enseñanzas que nos dirigen en ese aspecto. Como siempre, Jesús nos deja una huella para que la sigamos.

Para comenzar, ¿dónde en la Biblia leemos que Jesús hubiera practicado algún deporte mientras fue joven o adulto? ¿Qué huella nos dejó él? Por ejemplo, cuando apenas tenía doce años de edad, vemos cómo ya se dedicaba a las cosas de Dios. Por favor, lee Lucas 2.41–52 y te quedarás impresionado a causa de la seriedad y el gozo tan profundo que Jesús tenía en su vida al entrar en la juventud. De modo que no solamente no leemos que Jesús practicara algún deporte en su juventud, sino que sabemos en nuestro corazón que algo acerca del deporte no encaja con el carácter de Jesús, ¿verdad?

A continuación veamos algunas de las enseñanzas de la Biblia que nos pueden ayudar a entender cuál es la huella de Jesús en cuanto al deporte:

1. La enseñanza del mal compañerismo: “No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres” (1 Corintios 15.33). Andar con el mundo en el deporte es una manera rápida para corromperse uno mismo. Debemos decidir hacer lo que hizo el salmista: “Aborrecí la reunión de los malignos, y con los impíos nunca me senté” (Salmo 26.5). El cristiano evita el mal compañerismo.

2. La enseñanza de la seriedad: La Biblia nos dice que debemos ser sobrios: “Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios y velad en oración” (1 Pedro 4.7). La palabra sobrio significa “serio, moderado”. ¿Puedes imaginarte a una persona seria, que está esperando la venida de Cristo, metida en toda clase de juegos mundanos? ¡Yo no! El cristiano debe ser una persona sobria.

3. La enseñanza del buen uso del tiempo: El tiempo que Dios nos presta es precioso. Debemos usarlo para lo bueno. “Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo” (Colosenses 4.5). ¿Qué significa “redimiendo el tiempo”? Esta frase habla de comprarlo, estimarlo, saber que el tiempo es algo costoso y valioso. Por eso, el cristiano no lo malgasta. ¿Acaso tú podrás cumplir con este versículo pasándote un buen rato jugando o entretenido con algún deporte?

4. La enseñanza del buen uso del dinero: El deporte hace que se gaste mucho dinero. ¿Cuánto dinero se gasta comprando pelotas, bates o guantes? Y eso sabiendo que muchos niños padecen hambre y que las iglesias carecen de fondos para sus gastos. ¿Le agradará eso a Dios?

5. La enseñanza de la pureza y la modestia: Cuando en los deportes los hombres juegan junto con las mujeres, siempre está la tendencia del roce físico y la desnudez. En la mayoría de los juegos es imposible jugar libremente sin que se exhiba el cuerpo y vengan las tentaciones. “Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa [decente], con pudor y modestia” (1 Timoteo 2.9). ¿Crees que una mujer pudiera cumplir con este versículo y al mismo tiempo meterse en el deporte? Difícilmente.

6. La enseñanza de dejar las cosas de los niños: Está muy bien que los niños jueguen. Ellos necesitan jugar para desarrollar sus cuerpos. Pero el apóstol Pablo nos da un consejo sano en 1 Corintios 13.11: “Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño”. A la palabra “juzgaba” bien podríamos quitarle la “z” para que diga jugaba como niño. Cuando nos convertimos en hombres y mujeres, nosotros debemos dejar el juego y los deportes para dedicarnos a cosas más importantes.

Sigue su huella hoy

Cuando evaluamos la huella que Cristo nos dejó en cuanto al deporte, una cosa queda muy clara: el cristiano no puede arrodillarse ante el dios del deporte. Lo cierto es que al cristiano maduro y juicioso ni le interesa malgastar su vida jugando o entreteniéndose con los deportes.

Es bueno que los niños jueguen y es bueno que sus padres jueguen con ellos en casa o en cualquier lugar donde sea adecuado. Eso no es practicar deporte. Pero al estos niños llegar a la edad de comprender su necesidad de convertirse en cristianos, ya deben dejar atrás el juego y otras cosas de niños para crecer como creció Jesús (véase Lucas 2.52).

Y se ve bien también que los cristianos, ya sean los cristianos jóvenes o los cristianos adultos, se aparten de vez en cuando de sus deberes normales para relajarse un poco, haciendo algún pasatiempo saludable que no quebranta ninguno de los puntos dados anteriormente. Eso tampoco es practicar deporte. Jesús mismo les aconsejó a sus discípulos apartarse un rato de sus trabajos para descansar (véase Marcos 6.31).

¡Qué maravilloso es ver a un grupo de cristianos, tanto cristianos jóvenes como cristianos adultos, que trabajan juntos en la viña del Señor! Existen muchas cosas buenas que los cristianos pueden hacer juntos para el avance del Reino de Dios: cantar, orar, estudiar la Biblia, evangelizar, trabajar en la granja, ayudar a la viuda que vive cerca, hacer un mandado para los abuelitos. No dejemos ni tiempo ni energía de sobra para sacrificar al dios del deporte… ¡gloria a Dios!

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