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Cómo Oraban

Capítulo 7

Más Predicadores Escoceses

Roberto Murray McCheyne

            El nombre de Roberto Murray McCheyne, el tan conocido santo, llegó a ser así de conocido a razón de la explosión de lectura que tuvo la biografía de su vida, escrita por Andrés Bonar, su íntimo amigo, contemporáneo, y socio.  Nacido en Edimburgo el 21 de mayo en el año 1813, McCheyne, desde su niñez, fue dotado en la poesía y la música, y fue fácilmente influenciado por lo espiritual.  No obstante, tenía una afición por los placeres mundanales, hasta el tiempo de la muerte de su hermano: David.  Esto le provocó pensar sobre la eternidad y la brevedad del tiempo.

            La convicción iba profundizándose, despertando su conciencia de la inmundicia interior y causando tristeza los placeres mundanos.  Su diario contiene tales puntos: “Espero nunca jugar a los naipes otra vez.”  “Me alejé del baile; las burlas son difíciles de soportar.  Pero, debo de tratar de llevar la cruz.”

            A sus 23 años, fue ordenado en el ministerio y puesto en la Iglesia de San Pedro de Dundee.  Esta era una parroquia grande, con 4.000 personas, pero su mayoría nunca entraba por las puertas de la iglesia.  Los miembros de esa iglesia sumaron la cantidad de 1.100 y entonces, este joven ministro empezó a trabajar por la salvación de ellos, diciendo: “Dios me ha puesto en medio de los mecánicos bulliciosos y tejedores políticos, de esta ciudad impía.  …Quizá el Señor convierta este desierto de chimeneas en un huerto verde y bello, como el huerto del Señor; un campo bendecido por el Señor.”  Los sábados se reunió con Andrés Bonar, quien vivía en un pueblo cercano, y con otros ministros serios, para orar unos por otros, pero en especial por una bendición en las actividades de la iglesia los días domingos.

            Pronto, instituyó para su gente un culto de oración los jueves por la noche, ya que había leído como la oración unida trajo bendición a un distrito entero.  En esos cultos, leyó un texto bíblico, orando antes y después; luego dio el bosquejo de ese texto, seguido de la lectura de una historia de avivamiento, comentando de vez en cuando.  “Gente de todas y cada una de las partes de la ciudad viene” escribió a su amigo Andrés, “pero, oh, ¡necesito mucho del Espíritu Viviente en mi propia alma!  Quiero que mi vida esté escondida con Cristo en Dios.  Al presente, hay demasiado apuro y urgencia y, obras materiales para que sea admitida la calmada obra del Espíritu en el corazón.  Tengo poco tiempo para meditar como Isaac, durante las tardes, solamente de vez en cuando, y éstas son cuando estoy cansado; pero, el rocío cae cuando la naturaleza está descansando, cuando cada hoja está inmóvil.”

            El mero presenciarse de sí mismo obró extrañamente en su congregación.  Un hombre anciano lo notó, “Antes que se abrieran sus labios, mientras buscaba el verso, hubo algo que me inquietaba.”  McCheyne deseaba, en cuanto a su método de predicar, volver a los primeros días de la iglesia cristiana.  Alguien le preguntó si temía quedarse sin mensajes, y él replicó: “No, soy solamente interpretador de las Escrituras.  Cuando éstas se sequen, yo también me secaré.”  Roberto tenía un sano temor de contristar al Espíritu Santo (Efe. 4:30) y deseaba “predicar la intención del Espíritu” en el pasaje (Rom. 8:27), tratando de presentar a Cristo en cada sermón.  Habló de sí mismo como “fuerte como un gigante cuando estoy en la iglesia, pero como una varita de sauce después del culto.”

            Cierta vez en una reunión de oración de jóvenes, les aconsejó: “Recuérdense que la oración más espiritual es un ‘gemido indecible’.”  Los piadosos nunca tienen buena reputación, como Jesús daba aviso, diciendo, “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece.”  El biógrafo de Roberto dijo: “Él recibía mucho reproche.  Era objeto de orgulloso desprecio, recibido de parte de ministros formales y de corazones fríos; y también de parte de los impíos recibió odio amargo.  …Muy profunda era la enemistad que tenía que soportar de algunos; muy profunda; porque la razón de tal maltrato provino de su semejanza con el Maestro.  Pero nada le desvió.”

            Los registros de su diario son muy inspiradores, y hablan a algunos de nosotros que se aguijonean demasiado en las actividades exteriores en vez de tener comuniones secretas.  A continuación se dan algunas porciones.

            “Hay dos cosas que mancharon este día, revisándolo.  El amor a la alabanza para mí mismo, y el consentir el escuchar el habla mundano, aunque sea por un momento.  Oh, ¡qué éstas me humillen y sean mi carga, guiándome a la cruz!  Entonces, Satanás, tú serás vencido.”

            “Cuando fui puesto a un lado del ministerio, yo decía, ‘Ahora Dios me está enseñando cómo orar.’  Pensaba que nunca me olvidaría de esta lección; pero temo haberme hecho flojo otra vez, al estar muy ocupado en mi trabajo.”

            “La meditación privada cambiada por conversación: aquí está la raíz de todo mal.  Te alejas de Dios, y Él se alejará de ti.”

            “El domingo; muy feliz en mi trabajo.  Poca oración en la mañana.  Entonces tengo que tratar de acostarme temprano el sábado por la noche, para que pueda levantarme ‘muy de mañana’.”

            “Me levanté temprano para estar con Dios y encontré a Quien mi alma ama.  ¿Quién no se levantaría temprano para encontrar tal visita?”

            En las cartas a sus correspondientes, a menudo ensalzaba la oración.  “El Rey Jesús es un buen Maestro.  He tenido dulces tiempos de comunión con el Dios invisible, los cuales no cambiaría por miles de piezas de oro y plata.  ¡Qué Su plena presencia vaya contigo!”

            “¿No tienes lugares,” escribió Roberto a un amigo “los cuales puedes llamar Peniel [nombre que quiere decir ‘la faz de Dios’- Gén. 32:30], donde has encontrado a Jehová-Jesús cara a cara?  Cuando entres en Su presencia, oh, ¡No te canses de esto! ¡No lo dejes muy pronto!”

            “Espero que ustedes sigan fuertes y puedan gozarse del aire libre, y, que sus almas prosperen y que hayan tenido a menudo tiempos tales como el que tuvo Jacob en Mahanain (Gén. 32:2), cuando los ángeles de Dios lo encontraron, o tales tiempos como el de Peniel, cuando Dios tuvo que gritar:  —Déjame, porque raya el alba.”

            Andrés Bonar dijo que sólo unos meses antes del fallecimiento de Roberto, éste había anotado unas consideraciones referentes a “La Reformación de la Oración Privada”.  “Debo” escribió McCheyne, “invertir las mejores horas del día en la comunión con Dios.  Es mi más noble y fructuoso trabajo, y, no debe esconderse en un rincón.”

 

Andrés Bonar

            Andrés Bonar, el amado ministro y pastor, era un gran admirador de McCheyne.  También, igual a éste, era eminente en su vida de oración.  Andrés y su hermano Horatio, quien escribió muchos himnos, tenía una herencia preciosa: la de tener un padre y una madre entregados a la oración.  Los escritos de Andrés respiran inspiraciones para una comunión personal con Dios, a un nivel muy profundo y, con constancia nos urgen a orar más efectivamente.  Damos a los lectores de este libro las siguientes citas.

            “Con más cuidado que antes, deseo dar dos horas más, diariamente, durante este año, a la meditación de la Palabra y a la oración, antes de salir de la casa.”

            “Ya veo que necesitaré diariamente, más y más, en la mañana, antes de cualquier quehacer del día, una taza del nuevo vino del reino; comunión con Dios.”

            “Me levanté un poco más temprano esta mañana para ayunar y orar.  Veo que el ayunar y el retirarse, con oración, deben ir juntos.  El efecto sobre el cuerpo y el alma es casi igual a la aflicción.  Esto baja el tono del espíritu, sujeta la carne, saca al alma de la auto-complacencia y hace estar a la carne insatisfecha.  También descubro lo que es humillante; me ayuda a eliminar la liviandad de mi propia mente.”

            “Debo poner en práctica en los deberes comunes este dicho; ‘Buscad primero el reino de Dios’.  Por la gracia de Dios y el poder de Su Espíritu Santo, deseo afirmar la regla de no hablar a los hombres hasta que haya hablado primeramente con Dios; no hacer nada con mis manos hasta que haber estado arrodillado; no leer cartas o escritos hasta haber leído una parte de las Sagradas Escrituras.  Espero también poder ‘al aire del día’ (Gén. 3:8) orar y meditar sobre el nombre del Señor.  ¡Se puede tener un Edén aquí!”

            “Anoche, repasando el pasado, nada me avergonzó más que el pecado de orar poco, cuando tenemos el derecho de pedir tanto en el nombre de Cristo, y recibir tanto.  Hemos estado en la boca del pozo todo el día, y apenas hemos sacado unas cuantas gotitas.  Y me siento así, que cuando no he bebido mucho de la Fuente de las aguas vivas, no (por la otra mano) he podido llenar las cisternas rotas; porque las horas sin Dios me han sido horas sin placer y sin fuerza.”

            “He tenido un tiempo a solas y en expectación para reunirnos con algunos hermanos al mediodía.  Me siento tan mal, de cuán poco yo realmente converso con Dios.  Mi oración es como llamar a alguien que está lejos, no como cuando se comparten secretos a alguien que está a nuestro lado.”

            “¡Qué podamos gozarnos tanto de la comunión contigo, oh Dios, que al perderla, nos sintiéramos como que si estuviéramos lejos de nuestro hogar!”

            Andrés practicaba lo que predicaba.  Toda su vida fue organizada y disciplinada para orar.  Lo más que oraba, lo más que sentió la necesidad de orar.  Registro tras registro en su diario muestra la determinada y persistente lucha por ser un hombre profundo en la oración.

            “Estuve en el bosque durante un tiempo, dedicando tres horas a la devoción: sintió necesidad de orar mucho por la fragancia peculiar que tienen los creyentes que guardan la comunión con Dios.  …Ayer pude alcanzar un día totalmente entregado a la oración.  Para mí, cada tiempo de oración, o casi todos, empiezan con un conflicto.  La falta de oración es mi pesadumbre más dolorosa.  Podría contar los días especiales, no por las ocasiones en que tengo nuevas oportunidades de ser usado, sino por las oportunidades en que he podido orar con fe y aferrarme a Dios.”

            “Veo que si no oro de continúo durante todo el día, aunque sea oraciones cortas, pierdo el espíritu de oración.  …Todo por el demasiado trabajo sin una igual cantidad de oración.  Hoy voy a orar.  Con esto, el Señor manda un rocío sobre mi alma.  …Pasé seis horas en la oración y lectura de las Escrituras, confesando mis pecados, y, buscando bendiciones para mí y mi parroquia.”

            “Durante casi diez días he estado estorbado en la oración, y por eso siento mi fuerza debilitada.  Tengo que volver inmediatamente, por medio del poder de Dios, a tres horas diarias invertidas en la oración y la meditación de la Palabra.”

            “Mañana propongo invertir la mayoría del día en la oración por la iglesia.  Señor, ¡ayúdame!”

            Posteriormente, encontramos a Andrés consagrando un día completo cada mes a la oración y el ayuno.  Pero su devoción a Dios surgió de todos sus caminos bien preparados.  Registros como los siguientes cuentan la historia.

            “Sentí en la tarde un dolor muy amargo por la apatía de este distrito.  ¡Están pereciendo!  ¡Están pereciendo!  ¡Y no quieren considerar!  Quedo despierto, pensando sobre esto, y clamando al Señor con gemidos.”

            “Los obreros no pueden comenzar su obra sin un pasaje de las Escrituras para sí mismos.  Guillermo Burns, cuando se le pedía que hablase, decía: —Todavía, no tengo un bocado para mí mismo.  —Hay que imitar este ejemplo, recordando que se necesita maná nuevo, recién recogido.  Yo me sentiría avergonzado llevarles flores languidecidas a los enfermos.”

            “He podido orar diariamente por ayuda, apartando una hora especial para esta petición.  Se manifestó el beneficio de esto en la notable libertad que tenía yo en el hablar a mi rebaño durante los doce años pasados.”

            En la conferencia de Perth, escribió: “Estoy muy intranquilo, deseando más poder de Dios.  Hay mucha conversación de esto.  Me da tristeza que no hay suficiente tiempo para la oración durante el día; pero el ambiente de la conferencia es encantador; mucho amor fraternal, mucha verdad bíblica, mucho deleite en lo que exalta a Cristo.”

            “La oración es semilla, sembrada en el corazón de Dios.”

            “La oración estará coja y seca si no proviene del leer las escrituras.”

 

Le digo todas mis tristezas, Le digo todos mis gozos;

Le digo todo lo que me agrada, Le digo lo que me molesta;

Me dice lo que debo cumplir, me dice lo que debo tratar,

Y, así andamos juntos, mi Señor y yo.

                                                                                    -de un antiguo himno hugonote

 

Juan Brown

            “Yo no cambiaría lo aprendido en una hora de compañerismo con Cristo por todo lo aprendido de diez mil universitarios durante diez mil años, aunque los ángeles fueran los maestros de estos” dijo Juan Brown.  ¿Dijo esto porque menospreciaba la enseñanza humana?  No, ni siquiera un poco la despreciaba, porque será difícil hallar a otro estudiante más férvido que él.  Estudiaba hasta muy de noche, permitiéndose poco tiempo para dormir, debilitando así su propia salud.  Era proficiente en latín, griego y hebreo, los cuales empezó a aprender mientras era un huerfanito, pastoreando las ovejas para su vecino.  También, adquirió lo básico de otros ocho lenguajes; además de su amplio conocimiento de la historia y teología.

            El crítico y cínico hombre, David Hume, escuchó a Juan Brown predicar y luego dijo: —Ese es el hombre para mí.  Dice en serio lo que dice.  Habla como si Jesús estuviera a su lado.  —Y no estaba equivocado el señor Hume, porque el Señor siempre estaba al lado de aquel hombre de oración, quien se dio a sí mismo asiduamente a la oración y al ministerio, como lo hicieron los primeros discípulos según el libro de los Hechos.  Se levantaba a las cuatro o las cinco de la mañana durante el verano y seguía hasta las ocho de la noche, las únicas interrupciones fueron las comidas y los dos cultos familiares que hizo diariamente.

            Este escocés piadoso predicó cinco sermones todos los domingos, cada uno de una hora de duración y mezclado con un espíritu de oración, para que los sentimientos de su corazón fueran sentidos por los escuchadores.  Su biógrafo dijo: “Tal fue su conocimiento de las Escrituras que si se mencionó un verso, no solamente podía citarlo correctamente; sino también podía explicar su sentido y otros versos ligados.  Sus contribuciones literarias fueron 29 diferentes publicaciones, destacándose su Dictionary of the Bible (Diccionario de la Biblia); pues se utilizaba mucho en aquella época.

            Tenemos una deuda a Escocia por darle al cristianismo tales ministros y misioneros apostólicos, porque se entregaban estos a profundizar los ideales del evangelio en ese tiempo.

 

Lachlin MacKenzie

            Lachlin era un hombre de las “Highlands” (Tierras Altas) cuyo don de discernimiento se destacó.  Su biógrafo anotó: “Es recordado de él, que cierta vez dijo de sí mismo que nunca había llevado a un pecador al propiciatorio, sin que el Señor le revelara a él la condición de esa persona y lo que necesitaba ese pecador.”

            Otra vez, podemos fijarnos en la habitual conducta de tal persona para encontrar la fuente de tal discernimiento.  “Su mucho orar era el punto sobresaliente de su cristianismo… Mucho de su tiempo era invertido en estar arrodillado, y pasó muchas noches sin dormir, a veces luchando contra los asaltos del tentador y otras veces regocijándose en la esperanza de la gloria de Dios.  Lachlin confesó que él se sentía cerca del propiciatorio de una manera extraordinaria.  Hay prueba de esto, porque tenía la fama y la influencia, como la de un profeta entre la sencilla gente del norte, a pesar de que “los sabios” del sur de ese país se quedaron incrédulos.  Evitando la superstición con una mano y la incredulidad con la otra, es claro que Lachlin MacKenzie tenía íntima comunión con Dios, y que este hombre también recibió comunicaciones especiales de Dios, más allá de lo ordinario, en cuanto a las personas que llevaba al trono de gracia en sus oraciones.

 

Monod

            “Señor, ¡enséñame a orar!  ¡Oh!  Con la ayuda de Dios, sin confiar en mi mismo, quiero invertir más tiempo en la oración que he estado antes, esperando más efectos de esto que de poner mucha fuerza propia en la obra.  No quiero poner a lado mis esfuerzos, sino quiero respaldarlos con la oración.”

            “Por medio de la oración mantenemos la comunión con Jesucristo, ya que Él puede hacernos capaces para cumplir lo debido y conformarnos a su imagen: pero es por medio de la oración de fe; oraciones perseverantes y ardientes, que no guardan silencio ni aceptan nada menos que la respuesta que Dios ha prometido en Su Palabra.  Tal oración, la que lucha en medio de sangre y lágrimas, y sigue hasta que se reciba lo suplicado.”

 

“¡Más naves!” gritan algunos, “¡Más rifles!”

“¡Más aviones en el aire!”

Pero, sabio es el rey que dice:

“¡Más oración!”

 

Acuérdate que los ángeles usan

Este camino;

Por esto, mantenlo abierto:

¡Más oración!

 

Un día no es suficiente

Para ganar la batalla,

Cada hora necesita:

¡Más oración!

 

Una y otra vez

Las Escrituras de Dios declaran;

“La necesidad más grande de los hombres es:

¡Más oración!”

                                                                                     -autor desconocido