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Cómo Oraban

Capítulo 3

El Completo Reposo de la Mañana

“Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela...” Salmo 63:1

            Jorge Müller nos compartió su historia de cómo logró la costumbre de levantarse temprano, aunque estaba mala salud cuando Dios le habló que añadiría tal práctica a su vida.  Su historia será interesante para todos nosotros, al saber que Dios lo usó hasta en los días finales de su vejez.

            “Durante mi estancia en Plymouth, me incitaba de nuevo a levantarme temprano, y fue una bendición de la que no he perdido los buenos resultados hasta ahora.  Lo que me guió a hacerlo fue el ejemplo del hermano donde me alojaba y un comentario que el mismo dio referente a los sacrificios, basado en el libro de Levítico: “Tal cómo no se debe ofrecer el estiércol, así lo mejor de nuestro tiempo sea en especial para la comunión con el Señor.”

            “Yo estaba, grandemente, entregado a la costumbre de madrugar durante los años anteriores.  Pero, puesto que tenía los nervios tan débiles, pensé que tenía solo fuerza para las actividades del día, mejor sería no madrugar, para que mis nervios estuvieran más tranquilos.  Por esto, me levanté a lo más entre las seis o las siete, y a veces después de las siete.”

            “Por la misma razón, me propuse acostumbrarme a dormir un cuarto de una hora, o media hora tal vez, después de almorzar; pensando que calmaría, con esto, un poco más mis nervios.  Con todo esto y no obstante, mi alma con regularidad sufría a cada día y a veces mucho, pues inesperadamente me llegaban trabajos urgentes quitándome el tiempo para orar y leer la Palabra.”

            “Por la gracia de Dios, después de escuchar aquel comentario que mencioné anteriormente, me propuse que, no importaba que sufriera mi cuerpo, nunca más perdería el tiempo más precioso acostado en la cama.  Por la gracia de Dios, pude aquel mismo día levantarme más temprano y así lo he hecho desde entonces.”

            “Me permito ahora más o menos siete horas de sueño, lo que basta para refrescarme, aunque sigo débil y tengo mucho cansancio mental.  Sumado a esto, he olvidado la siesta de la tarde.  El resultado es que he podido procurar más tiempo para los períodos preciosos de oración y meditación antes de desayunar.  De esta forma descanso mi cuerpo y más particularmente, mis nervios.  Ahora he estado mejor.”

            “Si Ud. se pregunta, ¿por qué debo madrugar temprano?  La respuesta es que quedándose demasiado tiempo en la cama:

            1. MALGASTA EL TIEMPO, lo cual es impropio a un santo, quien fue comprado con la preciosa sangre de Cristo, juntamente con su tiempo y todo lo que tiene, para el uso del Señor.  Si dormimos más de lo necesario, pensando fortalecer el cuerpo, es un malgasto del tiempo que Dios nos ha fiado como un talento, para usarlo en el desarrollo de Su gloria, para nuestro beneficio, para el beneficio de los santos y también para el beneficio de los infieles, que están alrededor nuestro.

            2. QUEDARSE DEMASIADO EN LA CAMA DAÑA EL CUERPO.  Igual de comer demasiado, el dormir demasiado nos daña.  Los médicos dicen que el quedarse en la cama más de lo que es necesario, pensando con esto cuidar más el cuerpo, no lo ayuda, más bien lo debilita.

            3. DAÑA EL ALMA.  Estar acostado en la cama no sólo nos impide dar la parte más preciosa del día a la oración y meditación, sino que también nos guía esta pereza a muchas otras maldades.”

            “Para saber del efecto positivo que el madrugar trae al interior y exterior del hombre, sólo necesita experimentar invirtiendo una, dos o tres horas diarias en el orar o meditar antes de desayunar, o haciendo esto en tu cuarto o en el campo abierto, con la Biblia en tus manos. Ruego a todos los que leen esto y que no están acostumbrados a madrugar desde muy temprano, que lo prueben, y van a alabar al Señor al hacerlo.  No se desanimen por sentirse cansados y amodorrados a causa de madrugar.  Pronto se irá eso.  Después de unos días, se sentirán más fuertes y frescos que cuando se quedaban en la cama una o dos horas más de lo que necesitaban.”

            El Dr. A.T. Pierson en su libro George Müller of Bristol (Jorge Müller de Bristol), revela cómo pesó más la convicción acerca de la importancia de la oración, al Sr. Müller.

            “En el año 1837 el Sr. Müller, teniendo 32 años, sentía una creciente convicción que le faltaban dos cosas para que él creciera en gracia: piedad y poder para servir.  La primera era más aislamiento para tener más comunión con Dios, aunque se perdiera algo de su obra pública, y la segunda era ampliar más la provisión para la supervisión espiritual del rebaño de Dios.”

            “La primera de estas convicciones tiene un énfasis que toca la vida de cada creyente en su centro vital.  Jorge Müller estuvo consciente de estar demasiado ocupado en sus quehaceres para orar como se debía.  Sus actividades fueron demasiado pesadas, como para que le quedara tiempo para reflexionar interiormente.  Y, vio que había riesgo de perder la paz y el poder, y que la actividad, aun en los quehaceres sagradísimos, no debe ser tan absorbente que impida la santa meditación en la Palabra y la suplica ferviente.  El Señor primero dijo a Elías, “Apártate... y escóndete”, luego, “Ve, muéstrate” (1 Reyes 17 y 18).  El que no se esconde a sí mismo primero en un lugar privado, para estar a solas con Dios, no está preparado para mostrarse en un lugar público para obrar entre los hombres.”

            “El Sr. Müller posteriormente tuvo por costumbre decirles a los hermanos con ‘mucho quehacer’, que invirtieran el tiempo debido a Dios. Les explicaba que cuatro horas de trabajo con una hora de oración en la madrugada es mejor que cinco horas de trabajo sin orar; también les decía que nuestro servicio al Maestro es más aceptable y nuestra misión al hombre es más provechosa, cuando estuviera empapado de la humedad de las bendiciones de Dios- el rocío del Espíritu.  Lo que se gana en cantidad se pierde en calidad, cuando un compromiso sigue a otro sin intervalos para refrescar y renovar la fuerza de la fe en Dios.  Quizás ningún hombre desde Juan Wesley realizó tanto en su larga vida como Jorge Müller, no obstante, pocos se han retirado tantas veces y por tan largos tiempos al pabellón de la oración.  De hecho, desde cierto punto de vista, su vida parece más dada a la suplica e intercesión que al mero actuar u ocuparse entre hombres.”

            El Dr. Pierson también ha registrado el amor de Müller para la Palabra de Dios.  “A sus 92 años, Jorge dijo: —Por cada página leída de otros escritos, estoy seguro que leía diez de la Biblia.  —Durante los últimos veinte años de su vida, la leía completa y cuidadosamente cuatro o cinco veces al año, consciente del rápido crecimiento en el conocimiento de Dios al hacerlo.”

 

Todo el día, quizás, tus pies tienen que pisotear el valle,

Todo el día la muchedumbre se apura alrededor-

Agolpándote demasiado incesantemente

Con voces fuertes de dolores, peleas o canciones.

 

Antes la muchedumbre, antes el valle

Antes de la labor que te afana, corazón y manos,

Alístate, en la primera y fresca hora matutina.

Allá en el monte, a solas con Dios estar.

 

¿Qué, pues? Oh, Él te espera allí-

Para revelarse a Sí, su hermosura extraña y dulce;

Para tener comunión contigo a solas-

Para levantarte arriba de las sombras terrenales, hasta la realidad.

                                                                                                                        -E.H. Divan

 

            Guillermo Bramwell, un hombre usado poderosamente por Dios en Inglaterra, tuvo muy firmes convicciones acercas del madrugar para orar y leer la Biblia.  “Su costumbre fue levantarse a las cuatro de la mañana en el verano y a las cinco en el invierno.  Si estaba en un lugar donde la gente empezaba a trabajar antes de estas horas, se levantaba más temprano, a menos que no pudiera, pues no podía soportar la idea de que alguien se ocupara en trabajos mundanos antes de que él entrara a servir al Padre Celestial.  Ese tiempo reconquistado del sueño fue añadido con diligencia al orar, leer las Escrituras y estudiar.  Encontró que aquellos días que comenzaban con oración insistente, pasaban en alabanzas gozosas y acciones de gracias.  Por lo general, su plan era orar fervientemente por un rato, luego leer uno o más capítulos de la Biblia, y luego acercarse otra vez al trono de gracia.  Estos ejercicios alternativos se repetían varias veces en la mañana.  Él dijo: —Me gusta llenar mi alma de Dios en la mañana, entonces logro vivir en el Espíritu todo el día.”

            “Varios de sus amigos, con quiénes se alojaba en el campo, testificaron que por la mañana, cuando salía de su cuarto para desayunar, su cabello estaba empapado de sudor, como que si hubiera estado trabajando rigurosamente con su fuerza bruta.  Estos esfuerzos produjeron los resultados deseados y tal Jacob luchador llegó a ser un Israel dominante.”

            “Muchas veces se levantaba a medianoche para orar y sus amigos lo encontraban a veces arrodillado y envuelto en una frazada, cumpliendo su ejercicio encantador.”

            Escribiéndole a un amigo, le aconsejó, “Oh, cuánto Satanás te tentará para que te quedes en la cama en esas mañanas frías, cuando debieras ocuparte en orar y estudiar en cada una de ellas, levantándote a las cinco o antes.  Si practicaras esto, ¡Cuántas maravillas haría Dios con su Palabra en tu alma y tu familia!”

            En otra ocasión él escribió, “Si recibes lo que llamo ‘el completo reposo’ por la mañana, con la mente fija en Dios, el descanso tranquilo; esto te llevará encima de tus pequeñas preocupaciones con la mejor paciencia, tal cual águila sobrevolando la tormenta, y la cruz diaria será la bendita forma para llevarte al cielo.  Y esto es un cielo constante; es tu morada- es tener a Dios como tu Todo.”

            Un hombre con tales y consistentes costumbres de orar está seguro de ver el poder de Dios obrar por medio de él, en cualquier circunstancia de su vida.  

En una ocasión, Guillermo oró por un niño ciego, mientras se preparaba para irse; lo cual pasó a ser un milagro de sanidad, y que si hubiera pasado en el tiempo actual, se proclamaría por todo el mundo. Parecía al Sr. Bramwell como la única cosa anticiparse cuando se descubría el propósito de Dios.  Citamos el acontecimiento como se escribe en Striking Incidents of Saving Grace (Incidentes Notables de la Gracia Salvadora) por Enrique Breedon:

            “Cuando Guillermo Bramwell viajaba en el circuito de Nottingham e iba a predicar en las cercanías de Watnall, siempre se iba a pasar las noches a la casa del Sr. Greensmith.  La última vez que estaba en dicha casa, antes de salir del circuito de Nottingham, la maravillosa curación aconteció.”

            “Esa mañana el Sr. Greensmith se había ido muy temprano a su trabajo, y el Sr. Bramwell desayunó solo con la señora y los dos niños.  Después de desayunar, el ministro oró con los niños, como se ora en una oración familiar; y fue así, pues fue su última visita, la hizo fervientemente por ellos.  Luego, listo ya, se preparó para montar el caballo para irse a la próxima cita.  Pero antes de irse, preguntó, —¿Dónde está el niño ciego?”

            “La respuesta fue, —Detrás de la puerta.”

            “Entonces el cieguecito Guillermo salió de la casa hacia donde estaba el otro Guillermo, el Sr. Bramwell, quien puso las manos sobre la cabeza del cieguito.  Se quedo parado, poniendo las manos sobre el niño por un rato, en oración mental, dando profundos gemidos.  Después de un rato, terminada su oración por el niño, le dio la mano al cieguito y a los otro dos, pasó de la puerta a su caballo parado allí, lo montó y se fue siguiendo su viaje.”

            “Apenas había salido a la calle cuando el cieguito gritó en voz alta, —¡Oh!  ¡Nuestro Bess!  ¿Dónde está el Sr. Bramwell? ¡Puedo ver!  ¡¡Puedo ver!!  ¡¡¡Puedo ver!!!  —Luego todos los muchachos empezaron a gritar y a correr maravillados en pos del hombre de Dios, clamando, —¡Señor Bramwell!  ¡Señor Bramwell!  ¡Puede ver!  ¡Puede ver!  ¡Puede ver!  —Entonces el buen hombre esperó para escuchar el suceso, se regocijó con ellos, les bendijo otra vez y se fue.”

            “Y Guillermo Greensmith, el cieguito que fue sanado, a quien conocí durante los últimos cincuenta años, vivía después en Harrogate hasta la edad de casi ochenta años, ¡siempre con la mejor vista, hasta el día de su muerte!”

 

Pues nunca duermas mientras amanece; a la oración te debes

Levántate con el día; estas horas son puestas como importantes

Entre el Cielo y nosotros: el maná se hizo mal

Después del amanecer; porque el día empaña las flores:

Levántate y gánate al sol; el sueño abunda el pecar,

Y las puertas de los cielos están abiertas; cuando las del mundo están cerradas.

 

            Juan Eliot, uno de los primeros pobladores de Nueva Inglaterra, EE.UU., se ocupaba plenamente entre los nativos de esa región.  Cotton Mather escribió acerca de los ejercicios de ese misionero pionero: “El sueño que él se permitió nunca le robó las horas matutinas; sino que tomó a la mañana nada menos que como amiga de sus meditaciones.  Aconsejaba a los estudiantes: —Los ruego, estén atentos a ser pájaros del alba.  —Y durante más de veinte años antes de su muerte, se alojaba en la sala de estudio para poder estar solo, para disfrutar las madrugadas sin hacer ningún ruido que molestara a sus amigos, quienes al darse cuenta de su denuedo, le decían: —Maestro, ¡ten misericordia de ti mismo!”

 

Oh hermano; en estas horas quietas

Los milagros de Dios se hacen;

Les da a Sus amados en el sueño

Un tesoro no buscado.

 

Me siento a sus pies como un bebé,

Donde los momentos me enseñan más

De todo trabajo y de todos los libros

De todos los siglos atrás.

                                                                                                            -Gerardo Tersteegen